30-Cosas-que-los-niños-deberían-experimentar-antes-de-cumplir-los-seis-años-bichos-300x225

Un coche, un avión, una planta… la mayoría de los objetos que nos rodean suelen pasar desapercibidos para nuestros ojos, nuestra atención, la de los adultos, parece centrarse en otros menesteres, donde muchas de las cosas que forman parte de nuestra vida cotidiana son vistas por nuestros ojos, pero no procesadas por nuestra mente de manera consciente.
Esta tónica no puede extrapolarse a la mente de los pequeños y pequeñas, ya que desde que abren sus ojos hasta que los vuelven a cerrar el mundo está cargado de multitud de
elementos atractivos para ellos. Una pelota, una pieza en el suelo… estás son sólo una parte ínfima de la multitud de elementos, de ruidos, de sensaciones… que les sorprenden día a día y, sobre todo, que forman parte de nuestra vida cotidiana.
La rutina a veces nos hace olvidarnos de lo educativa y rica que es la vida cotidiana, pero son esas propias rutinas las que se acaban convirtiendo en educativas. Día a día parece que aquello que nos rodea va despertando curiosidad en los pequeños y pequeñas, y hace que vayan familiarizándose con ellas. La cotidianidad y las rutinas educan, y ayudan a la infancia a situarse, organizarse y a recordar, pero las rutinas también necesitan tiempo para desarrollarse.
Es evidente que la jornada escolar debe estar dividida por momentos en los que básicamente los pequeños aprenden, crecen y evolucionan, pero también son atendidas sus necesidades básicas, afectivas y de descanso. Pero en muchas ocasiones estos momentos o lapsos de tiempo están adaptados a las necesidades del adulto, o de las familias, porque cuando recogen a sus hijos e hijas éstos han tenido que comer, dormir, jugar, aprender y asearse o ser aseados en menos de seis horas. Y a veces los ritmos de la infancia exigen más tiempo, tranquilidad y dedicación para que surjan cosas o para que los adultos puedan darse cuenta de que han surgido y como consecuencia responder a ellas o facilitar mecanismos y herramientas para seguir creciendo.
La rigidez en los tiempos, a veces, limita la capacidad de descubrimiento, experimentación y crecimiento de los pequeños y pequeñas. Y digo a veces porque a pesar de los tiempos pasan muchas cosas y afortunadamente los adultos podemos ser testigos de ellas. Y es que las rutinas y los tiempos deben servirnos para guiarnos, para marcar lapsos, pero no para limitarnos, agotarnos y agobiarnos; y sobre todo para limitar el
normal y natural desarrollo de los pequeños, aunque una vez más son tan geniales que pese a los ritmos, que a veces estrangulan, ellos y ellas siguen sorprendiéndonos cada día.

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