Mantener la rutina, o al menos pretender que sea lo más estable posible, supone no alterar los hábitos de los pequeños y pequeñas dentro del aula. Una de las rutinas más marcadas dentro de la jornada es el momento de la asamblea. A pesar de haberla realizado hoy de una manera menos convencional (ser más niños y encontrarse en otra clase en el caso de los pequeños del aula de 1-2 años), buscar un momento mientras se desayuna para parar y hablar todos juntos implica multitud de elementos esenciales en educación.

En la asamblea compartimos sensaciones, nos vemos las caras, charlamos, comprobamos quién y quién no ha venido a clase o hablamos acerca del tiempo (lo que supone incluir conceptos nuevos, emplear vocabulario, aprender entre iguales, fomentar el lenguaje…). Es el momento de detener un poco el ritmo tras volver del patio y de una actividad más elevada y motriz. Conversamos acerca de la fruta que ese día toca comer y aprovechamos para cantar canciones, tanto conocidas como nuevas.

Hoy es uno de esos días de otoño marcados por la lluvia. Venimos de un verano en el que las precipitaciones han sido muy escasas, por lo que hablar de ella nos introduce en conceptos para trabajar durante la jornada. Conversamos acerca de cómo está el cielo, de la lluvia y de los elementos necesarios para no mojarnos.

Hoy al ser un día “especial”, ya que se encuentran juntos dos aulas, los más pequeños se empapan de todo lo que comentan los mayores. De su vocabulario, de lo que más le llama la atención de los días con lluvia, del hecho de permanecer sentados durante un rato más prologando (algo que podemos asemejar al aprendizaje defendido por Vigostky; los mayores serían el área de desarrollo proximal de los más pequeños…). La asamblea, lejos de parecer un tiempo muerto, está cargada de un sentido didáctico gigante. Nos relajamos, pero también educamos en la espera, no todos podemos coger un trozo de fruta a la vez. Es el momento de que aprendan que con paciencia todo llega y que hay que respetar el turno. Es el momento de adquirir hábitos de higiene, ya que después de comer la fruta nos limpiamos las manos con una toallita. La asamblea nos da pistas a los educadores para conocer inquietudes de los pequeños, lo que puede dar pie a programar actividades en ese sentido. Nos permite conocer el estado de cada niño, si tienen sueño, si se encuentran mal o tienen más o menos apetito. Nos permite dedicar un rato a trabajar algún tema en concreto y a emplear vocabulario más específico sobre ese mismo tema.

En definitiva, es un recurso que, bien empleado, nos abre muchas puertas a conocer a los pequeños y pequeñas que forman parte de nuestra aula. Nos permite “vernos las caras” por las mañanas, de una forma tranquila y relajada. Marca el inicio de la jornada dentro de aula y genera una rutina entorno al desayuno y a realizar actividades en gran grupo antes de dispersarse por el aula. Si empleamos este recurso con todas sus potencialidades educamos en el respeto, en la espera, en la higiene, en la alimentación, en la cooperación y en el uso y desarrollo del lenguaje; en una única acción y a través de un aprendizaje funcional y significativo.

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