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El encuentro entre iguales siempre es un momento placentero. Hace una semana que M. no viene a clase, estaba enferma, así que sus compañeros y compañeras han pasado cinco días (más las vacaciones) sin tener contacto con ella. A diario, en el corro, preguntamos quién falta y explicamos, si lo conocemos, el porqué de su ausencia. A simple vista puede parecer que el resto de duendes y “duendas” no son totalmente conscientes de la ausencia de alguno de sus compañeros o compañeras, pero solo  es eso: a simple vista.

M. ha venido a visitarnos durante la hora de juego libre en el patio. La primera persona que ha saludado con una gran sonrisa en su cara ha sido a María, a pesar de seguir enferma M. acariciaba a María mientras sonreía feliz de volver a verla. Más tarde me he acercado yo para saludarla, su primera reacción ha sido levantar los brazos para que la cogiera, me miraba feliz de volver a vernos. El resto de compañeras y compañeros se han dado cuenta de que M. había venido a visitarnos. Todos y todas se han acercado a saludarla. “M”, gritaba A.

Ya en el suelo I. se ha acercado a ella con una gran sonrisa y la ha abrazado. Todos la cogían de la mano y la llevaban a enseñarle aquello con lo que estaban jugando en ese momento. Es evidente que si no fueran conscientes de su ausencia no hubiésemos podido disfrutar de reacciones tan bonitas. Abrazos, sonrisas, carcajadas, caricias y besos iluminaban el patio. S. ha corrido a prestarle su triciclo y sus ojos expresaban un total cariño y respeto por M.

Pese a lo que cualquier adulto pueda pensar, los pequeños y pequeñas son conscientes del otro y de ellos mismos, las miradas muestraban la satisfacción de la vuelta de los compañeros, los abrazos el cariño y las caricias su aprobación. M. por su parte, quería hacer partícipe a su tita, quien la había traído al “cole”, de las relaciones establecidas con sus compañeros y compañeras, mostrar a lo que jugaban, en definitiva hacerla partícipe de su mundo. Evidentemente M., más que nadie, es consciente de su ausencia en la escuela, de no tener contacto con el resto de niñas y niños y de llevar días sin ver a María. Pero no solo por el hecho de que su familia le recuerde que aún no puede ir al “cole”, sino porque los pequeños y pequeñas son perfectamente conscientes de todo lo que sucede a su alrededor, de aquello que le afecta de manera directa y de aquello que lo hace de forma indirecta.

Por último, me gustaría hacer mención a una de las enseñanzas más directas que he tenido el placer de aprender hoy. Durante todo el día H. no se encontraba bien, estaba algo penoso y su relación con los demás no era la que normalmente suele tiene. A la hora de la comida estábamos negociando la cantidad de pescado que debía comerse y al no llegar a ningún acuerdo ha comenzado a llorar. Yo quería razonar con él, intentar explicarle lo que sucedía, sin éxito alguno. Más tarde Esperanza me ha explicado que mientras están llorando, razonar es complicado, porque además de estar en otra cosa, de demandar afecto, su propio llanto les dificulta razonar y escuchar aquello de lo que se le está hablando. Por ello la mejor opción es responder primero a sus demandas afectivas y posteriormente razonar, porque a todos nos gusta que nos abracen cuando no nos encontramos bien.

* En cursiva observaciones y valoraciones propias.

3 thoughts on “Relaciones entre iguales

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