El momento de los cambios a veces se torna un poco complicado. Hay niños y niñas que tienen sus preferencias en cuanto a maestras, otros que el momento del cambio es un momento de juego y otros que en ese momento aprovechan para “echar a andar” su media lengua o ecolalia.

C. es una niña que aún se encuentra en su periodo de adaptación, ya que llegó a la escuela hace una semana. Tiene algo más de un año y ha comenzado a dar sus primeros pasos, pero aún no anda con soltura. Por ahora no se ha arrancado a pronunciar sus primeras palabras, come con ayuda y gatea con soltura.

Su periodo de adaptación está siendo marcado, no por excesivos problemas con el miedo a la separación o con las personas desconocidas, sino que requiere mucha atención y la mayor parte de esta atención está centrada en estar en brazos. El mayor problema que estamos encontrado respecto a su adaptación es el cambio de pañal. Cuando es necesario cambiárselo, comienza a llorar, a ponerse nerviosa y no quiere permanecer sentada o tumbada.

El cambio de pañal debe ser otro momento educativo dentro del aula. Se trata de un momento de contacto directo con el pequeño o pequeña, del tiempo en el que podemos intercambiar palabras, caricias, miradas e incluso poner palabras a su propio cuerpo: “esta es tu barriga, mientras la acariciamos”.

Crear confianza, afinidad, tranquilidad y tomarnos nuestro tiempo a la hora de cambiar pañales puede marcar la diferencia entre un momento ameno, agradable e íntimo a uno desagradable, generador de malos sentimientos e incluso convertirse en un momento traumático.

El caso de C. es un caso particular, puesto que esta actitud no solo la tiene dentro del aula, sino también en casa. Su familia comenta que suele surgir esta situación a menudo en el momento del cambio.

Cada día desde que llegó hemos intentado hacer de su momento del cambio un momento especial, íntimo y gratificante. Poco a poco su actitud respecto a éste ha cambiado por completo. Los gritos se han convertido en risas e intercambios de miradas. Las caricias marcan buena parte del cambio e incluso participa del mismo cogiendo su pañal antes de cambiar el sucio.

Una de nuestras funciones fundamentales es ser un generador de seguridad y apego a los niños y niñas que forman parte de nuestra aula y nuestra escuela. Convertir cada momento en un momento educativo. Cambiar pañales puede hacerlo prácticamente cualquier persona, lo diferente aquí es hacer de lo cotidiano un elemento educativo donde ser creen vínculos, contacto, intimidad, conexión y del que también obtengan información útil que forme parte de su crecimiento y evolución. Poner palabras a lo que hacemos, referirnos a partes de su cuerpo, poner palabras a los objetos que utilizamos o a lo que vemos a nuestro alrededor, educar en la espera, educar en la paciencia, dedicar un rato para el afecto y el cariño o aprender a calmarnos escuchando lo que hay a nuestro alrededor pueden ser buenos recursos para aplicar en este momento del día. De esta forma podemos convertir un simple cambio de pañal en un momento completamente educativo.

 

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