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“Deja de hacer ruido” es una de las frases que más suelen referirse a la infancia. A los pequeños y pequeñas les gusta generar “ruido”, experimentar con el sonido. Hacer música va mucho más allá que generar sonidos que sean “agradables” para el oído humano. Para hacer música hay que realizar miles de ensayos, miles de experimentos y es eso lo que realmente hace la infancia, experimentar con todo lo que le rodea y con todas sus propiedades y entre ellas se encuentra la del sonido que producen los objetos.

Disponer de elementos que permitan la experimentación con la música es necesario para que la infancia evolucione en dicha área, esperar a que los pequeños y pequeñas cumplan seis o siete años y mostrarles las partituras, memorizar notas y colocarlas en un pentagrama no asegura un aprendizaje musical. ¿Cuántos grandes en este arte han tenía poca o nada formación musical y eran grandes portentos en la materia? A andar se aprende andando y el resto de facultades de las que dispone el ser humano también se aprenden experimentando y practicando; y antes de generar música hay que producir gran cantidad de “ruido”.

Aprender música debería ser esencial en la vida de cualquier persona, pero el planteamiento del aprendizaje es esencial. La música debería ser un área imprescindible en el crecimiento de los pequeños y pequeñas por el simple hecho de que es un arte en sí misma, pero además la música es afectividad, son emociones, es desarrollo cognitivo, son matemáticas….la música es uno de esos instrumentos que pueden emplearse para el aprendizaje transversal, donde no solo se aprenda a producir algo hermoso, sino que se aprendan muchas de las áreas a las que normalmente la educación formal le otorga muchísima más importancia que este tipo de materias que tienen un carácter lúdico y por lo tanto parece que poco educativo, porque claro para educar es necesario que los niños y las niñas se aburran sobre manera. ¿No sería mucho más lógico utilizar el carácter lúdico y divertido de las cosas para crecer, evolucionar y aprender? Y esto nos lo da la música.

Los duendes y las “duendas” pasan gran parte de su tiempo produciendo música. Cualquier instrumento que cae en sus manos es digno de ser estudiado y dentro de dicho estudio también está el sonido que produce. Los huevos rellenos siempre son unas buenas maracas, también lo son las botellas con diversas densidades. Los cajones, las latas y los cubos de plástico se suelen convertir en tambores y las manos en el agua una buena oportunidad para experimentar cómo suenan las palmas mojadas. Pero el elemento estrella son los platos y los cubiertos. Golpear los platos o la mesa con los cubierto o los propios platos con las manos es un auténtico ritual al menos una vez en cada comida, ¡y porque aún no cuentan con vasos y platos de cristal o cerámica….! Que levante la mano quien nunca ha jugado a producir sonido con los vasos, los platos y los cubiertos, es realmente divertido.

La música forma parte de nuestras vidas y la música es sonido y el sonido también es “ruido”. Los sonidos son parte del día a día, de aquello que nos acompaña, que nos rodea es el síntoma de que estamos vivos, aunque a veces ni reparemos en ellos. Impedir que los niños y las niñas experimenten con los sonidos es un error. Debemos permitir que surjan estas experiencias de manera que tengan contacto directo con el sonido y puedan acabar generando música, mención aparte necesita la escucha o audition – una de las herramientas que genera que se produzca música en los pequeños y pequeñas, no podemos pretender que realicen creaciones musicales si nunca escuchan música -.

También es cierto que algunos materiales producen sonidos estridentes que acaban molestando al oído, la solución no es eliminar los objetos metálicos o prohibir que experimenten con el sonido, siempre que se cierra una puerta debemos dejar una ventana abierta. Si ponemos un límite demos una solución para solventar una demanda. Puede que el metal sea un material demasiado estridente para experimental con él ¿por qué no lo sacamos al patio o a espacios abiertos donde se produzca menor rebote de la onda? ¿Por qué no introducimos dentro del aula materiales que produzcan sonidos más cortos y grabes?, porque si únicamente prohibimos, la pulsión sigue viva y cada vez crece más y llegará un momento en la que no podamos detenerla; pero aún hay más, si prohibimos por el mero hecho de que nos parece desagradable estamos limitando el crecimiento y el desarrollo de los pequeños y pequeñas.

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