materiales

Una de las mayores críticas que recibe el modelo que llevan a cabo las escuelas de Reggio Emilia es el coste de sus materiales. Se trata de materiales con una serie de características que los hacen especiales y que se insertan dentro de la filosofía de María Montessori. Son materiales que invitan a ser tocados, a actuar, a hacer mediante la manipulación. Y este punto creo que es esencial para poder trabajar dentro del aula.

Hoy uno de los padres de la clase de los Duendes ha cedido un material muy sugerente, pelotas de tenis cortadas con diferentes formas en dos. Cada media pelota encaja con su otra mitad, por lo que no puede ser colocada en otra mitad diferentes (ya que están cortadas con diversas formas). La propuesta partía de introducir un nuevo material para juego heurístico, donde cada pequeño y pequeña experimentara con las formas, los colores, las propiedades y con el gesto de encajar o no encajar dos piezas. Lo cierto es que en un primer momento se trataba de una idea experimental y no estábamos seguras de que sirviera como material para desarrollar la lógica-matemática. No por la propuesta en sí, claro está, sino por la aceptación que iba a tener por parte de los pequeños y pequeñas.

Con la duda puesta sobre la mesa, el papa de H. ha traído esta mañana a clase cuatro pelotas cortadas en dos con diversas formas. P., sentada en el suelo, observaba nuestra conversación y las pelotas en las manos del padre de H., por lo que hemos decidido plantearle el material y esperar, observando, a ver qué sucedía. P. ha comenzado observando el material, más tarde ha empezado a tocarlo y finalmente se ha puesto manos a la obra con la experimentación, juntando las diferentes piezas y observando cuáles eran los resultados de su ensayo-error.

Al igual que P. el resto de compañeros y compañeras que estaban cerca del material han sentido curiosidad por el mismo. D., C., y A., han jugado y experimentado con las piezas, han comprobado que no botaban al estar divididas en dos, que unas piezas encajaban con otras y con otras no, que se trataban de formas diferentes y que eran “pelotas rotas” como la mayoría nos comentaba.

Con esto no quiero más que poner de manifiesto que los materiales para trabajar en 0-3 son fundamentales, pero que su elección y presentación también lo son. Evidentemente contar con los medios con los que cuentan las escuelas de Reggio Emilia en cada escuela del mundo sería maravilloso, pero por desgracia esto no siempre puede suceder, pero no por ello debemos lamentarnos y quedarnos de brazos cruzados esperando que un milagro económico nos de las alas para dar rienda suelta a la libre experimentación de los pequeños y pequeñas. Por suerte, con poco podemos hacer mucho y la vida está llena de objetos cotidianos de los que nos podemos servir como herramientas para fomentar la experimentación y el crecimiento de los niños y las niñas. Se trata de plantear propuestas y materiales atractivos que partan de la vida misma, de lo cotidiano, tomando como base el reciclado; y presentar dicho material de una manera atractiva, evaluando siempre el resultado del mismo. Yo nunca pensé que una pelota de tenis podría tener tantas utilidades, pero desde que estoy en la escuela se han convertido en pelotas, en material para trasvasar, en material para trabajar las unidades de medida, en material para trabajar la geometría, en materiales para trabajar las formas y en materiales para trabajar desde un punto de vista sensorial.

Por ello las cosas de la vida cotidiana deben ser un material presente en el día a día de los pequeños y las pequeñas. No sólo las pelotas han sido hoy un elemento novedoso de trabajo para los duendes y las “duendas”; las flores, las plantas, los chinos y la tierra han sido hoy un elemento fundamental a la hora del juego libre en el patio. Todos ellos son fáciles de encontrar, son económicos y son rentables a largo plazo. C. se ha pasado gran parte de la mañana jugando a hacer pequeños montoncitos de tierra con chinos sobre diferentes estructuras del patio. B. ha empleado buena parte de su tiempo en trabajar con la tierra de las jardineras del patio, S. no ha parado de experimentar con los chinos y L. se ha pasado todo el tiempo jugando, entre cata y cata de tierra, a transvasar con los cubos. Evidentemente el patio ofrece multitud de elementos más con los que jugar, pero sin saber muy bien por qué, todos pasan al menos una vez por los elementos más básicos del mismo.

Son materiales sencillos y que forman parte de la madre naturaleza, pero a veces son materiales que nos asustan. Los chinos porque pueden metérselos en la boca, la tierra porque se la comen y las plantas porque no se deben cortar ni dañar. Creo que ese miedo lo tenemos la mayoría de los mortales. Al llegar a la escuela cada vez que bajábamos al patio me pasaba la mayor parte del tiempo con el corazón en un puño pensado que se caían, que se iban a atragantar, que se podrían tropezar, que eso era peligroso, que esto otro no estaba adaptado a los más pequeños etc. Pero a medida que el tiempo pasa acabas interiorizando el gran potencial y la gran capacidad de la que disponen los pequeños y pequeñas. Que saben cómo emplear los materiales, que conocen sus capacidades y sus limitaciones, que piden ayuda cuando la necesitan y que arriesgan hasta donde creen que son capaces. Evidentemente accidentes suceden hasta “en las mejores casas”, pero que a pesar de eso debemos dar libertad, confiar y otorgar esa confianza, creer en sus posibilidades, estar presentes como figuras, utilizar la mirada y el intercambio de miradas, no influir en el juego, observar, escuchar, facilitar herramientas y otorgar los tiempos necesarios para crecer, evolucionar y desarrollar las capacidades, porque los adultos no tenemos el derecho de imponer nuestros miedos a la infancia.

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