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La música mueve el mundo, amansa a las fieras, nos otorga paz, tranquilidad, nos acompaña en nuestras emociones y en nuestro día a día. Nos pasamos la vida acompañados de este conjunto de sonidos, silencios, melodías y ritmos. La música y el silencio son vida, forman parte de nosotros, de la naturaleza, de nuestro ser y de nuestro día a día. Desde nuestros orígenes existe la música (quizá no como la entendemos ahora) y el silencio.
La música en Educación Infantil juega un papel fundamental porque se trabajan multitud de áreas inmersas en el currículum infantil, el ritmo, el tiempo, el timbre, la velocidad, el silencio, la melodía, el lenguaje, el tono…todo eso tan sólo a través de pequeños gestos que forman parte del día a día, de las rutinas. La canción de los buenos días, la que nos
acompaña mientras guardamos, la que nos ayuda a calmar, a dormir, a la psicomotricidad…y así el día se llena de letras y melodías que lo hacen melódico y educativo, porque la música no sólo es un pasatiempo, la música educa.
Además de todo este repertorio, el cancionero es un recurso excelente para trabajar los diversos temas que surgen durante el curso: el control de esfínteres, las estaciones, los animales… se trata de trabajar desde una perspectiva multidisciplinar, donde la música (y con ella las canciones) nos sirven para trabajar otros aspectos de un mismo tema, introducir un área de trabajo, poner palabras a emociones, cerrar una actividad o acompañar una sesión. Todo está conectado y trabaja de la mano, de manera que la música muchas veces ejerce de nexo entre todas las áreas trabajadas de forma común.
La música no son sólo canciones, la música también la producen los instrumentos. Experimentar con ellos debe formar parte de nuestro curso escolar. El hecho de que éstos puedan generar ruido, no puede ser un motivo de peso para no incluirlos en el aula o en la asamblea. Podemos desarrollar corros musicales, donde trabajar con instrumentos que no generen excesivo “ruido”. La observación, la libre experimentación, la repetición o la imitación son elementos que pueden forman parte de esta dinámica. El adulto es un referente, una guía pero nada más. Se trata de que los pequeños y pequeñas exploten sus capacidades al máximo y el aprendizaje parta de su propio interés. El simple hecho de estar sentados en corro y poder observar a los compañeros ya es una herramienta para fomentar el aprendizaje, la cooperación, el compañerismo, aprendizaje por imitación.

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