Durante años hemos vivido, y en muchas ocasiones, hemos sufrido los famosos desdobles. Entenderse con los compañeros y compañeras y estos con los niños y las niñas es la auténtica clave para el éxito en este sentido. Confianza sería la palabra que definiría el trato entre las educadoras. Confiar y creer en el trabajo que realiza el otro como profesional, confiar y creer en sus actos. No es ni más ni menos que eso lo necesario para que el desdoble funcione, pero evidentemente ni es una tarea fácil, y de no llevarse a cabo con eficacia sería una locura; porque si los adultos nos desquiciamos cuando nos dicen una cosa y la contraria, no puedo imaginar el conflicto que pueden encontrarse los pequeños y pequeñas ante esta situación; no porque sean menos válidos ni menos inteligentes, sino porque la mente de un adulto es poco o nada inocente, pero la de los niños y niñas es la inocencia pura y cuando dos adultos le transmiten cosas contrarias no son capaces de comprender el porqué.

Los desdobles no sólo permiten una atención más personalizada, sino que también permiten realizar actividades en pequeños grupos para que éstas puedan ser más exitosas. Esto por ejemplo se pone de relevancia en la mirada como búsqueda aprobación, reconocimiento y afecto. Cada pequeño y pequeña lo hace de una manera, en momento diferentes y en mayor o menor medida, por ello son diferentes entre sí. Mientras realiza cualquier actividad, en el momento que estima oportuno, te busca con la mirada, para que seas partícipe de lo que allí está sucediendo. Es su manera de buscar afecto y reconocimiento, tan lícita como aquel niño o niña que te llama o te coge de la mano. Es aquí donde “cuatro ojos ven más que dos” cobra un sentido verdadero. Si esta situación se da, situación que por otra parte es efímera, si no encuentran mirada: se acabó (por ese instante) la conexión.

También se cumple la máxima de los cuatro ojos en la resolución de conflictos. Evidentemente en muchísimos momentos del día surgen conflicto y entre unos niños y niñas más que entre otros (la vida misma, en definitiva), tienen claros los límites y conocen los conflictos tanto internos como sociales, pero sorprendentemente son ellos los que terminan por resolverlos, con poco o ninguna intervención por parte de los adultos; pero aquí la mirada y la presencia también juega un papel fundamental. No me gustaría cerrar sin resaltar la importancia de la documentación, contar todo lo que hasta ahora he contado es una manera de dar cuenta de lo que sucede, pero creo que una imagen a veces vale más que mil palabras (y eso que las palabras han sido y serán mi vida). Documentarnos, formarnos y documentar creo que son elementos esenciales para desarrollar nuestra labor (si antes lo creía ahora lo he convertido en un dogma). Contar que dos pequeñas han discutido por un coche de juguete y que tras el forcejeo la que primero lo tenía ha ido a buscar otro coche y se lo ha ofrecido a la que se lo demandaba creo que es fuerte, pero si el mundo pudiera ver ese proceso en el que se dan palabras, se dan miradas, se dan gestos y se da afectividad…sería maravilloso, porque el mundo debe ver lo que parece que no quiere ver, y de nuevo aquí cuatro ojos ven más que dos.

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