En infantil pueden programarse un sinfín de actividades que pueden pasar desde, las más que estudiadas inútiles fichas, a aquellas que pretenden trabajar de manera transversal las áreas del currículum.

Empleemos las actividades que empleemos y elijamos la metodología que elijamos, lo que parece casi indiscutible es que necesitamos programar desde una visión funcional y significativa. Ausubel teorizaba sobre esta necesidad de hacer uso del aprendizaje significativo en nuestras aulas.

De nada sirve “enseñar” y fomentar la “repetición” si ésta no tiene una utilidad y, sobre todo, cambia algo en los pequeños y pequeñas (cabe recordar aquí el principio de acomodación y asimilación de Piaget). La repetición puede tener sentido en educación desde la visión de imitación, relacionada con el aprendizaje por modelado. Nada que ver tiene esta idea con la de repetición en relación al aprendizaje memorístico y nada funcional ni significativo. Quizá por ello las famosas fichas poco tienen de esto, ya que se trata de repetir y copiar sin que exista un proceso de asimilación o acomodación, es decir de comprensión junto con comparación, reflexión, y sobre todo utilidad. Cuando algo nos parece útil y empleable en nuestro día a día, pasa a ser un aprendizaje prácticamente que perdurará durante toda nuestra vida.

Si a todo esto le sumamos que la etapa de infantil es la más significativa, ya que es la antesala de muchos elementos que nos definirán durante la escolarización y desde el punto de vista de nuestra personalidad, resolución de conflictos, relación con los demás y con el mundo, toma de decisiones etc; el resultado de todo ello es que quizá sea el momento más importante en el que hacer hincapié. Esto es, que los aprendizajes, sean del tipo que sean, se estructuren desde una perspectiva significativa y funcional. Es el momento en el que se forjan todos los pilares que luego definirán quienes somos y cómo relacionaremos nuestra personalidad con lo que y los que nos rodean. Es el momento en el que se definirá nuestra relación con nosotros mismos y con los demás, por lo que tomarse la etapa de infantil a la ligera es incurrir en un grave error e incluso podría asegurar que en una irresponsabilidad.

Todo esto podría resumirse en la idea de que programemos la actividad que programemos, lo hagamos desde la responsabilidad real que esto conlleva; esto es: tenemos en nuestras manos un elevado número de niños y niñas que están en su etapa de desarrollo más significativa, así que hagamos lo que hagamos intentemos dejar esa huella positiva, funcional y útil para que en el futuro sean adultos con recursos para lidiar en el mundo en el que les toque vivir.

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